Cómo leer bien las etiquetas nutricionales

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Definitivamente, somos lo que comemos. Esta famosa expresión cada vez cobra más sentido. Y es que, debido a los rápidos ritmos de vida y trabajo, es muy fácil descuidar la alimentación y caer en el consumo de alimentos procesados, que prometen cubrir nuestras necesidades nutricionales ahorrándonos tiempo.

Una alimentación correcta comienza en el supermercado. Es importante prestar mucha atención y conocer los alimentos que ingerimos para afrontar el día con energía y mantenernos sanos. Por ello, en este artículo hablaremos de algo fundamental: la importancia de saber leer correctamente las etiquetas de los alimentos. Además, te daremos algunas claves sobre la parte nutricional.

¿Qué debe aparecer en las etiquetas?

El etiquetado es obligatorio tanto en productos envasados como en productos sin envasar. La información debe ser fácilmente legible y estar en un lugar visible, además de contener obligatoriamente cierta información:

  • Denominación. Ya sea la denominación legal del alimento o la denominación habitualmente utilizada, este apartado indica de qué producto se trata.
  • Ingredientes. La etiqueta debe especificar la relación de ingredientes utilizados en la fabricación de un producto.
  • Alérgenos. Un apartado muy importante a tener en cuenta en caso de sufrir alguna alergia o intolerancia
  • Cantidad neta. Informa de la cantidad del producto expresada en litros, centilitros, mililitros, kilogramos o gramos. 
  • Información nutricional. Debe indicar el valor energético, las grasas, los azúcares, la sal, las proteínas y los hidratos de carbono.
  • Alcohol. En caso de bebidas alcohólicas se debe expresar con un porcentaje el volumen del alcohol.
  • Fechas de envasado y caducidad. Debe constar la fecha de envasado así como la fecha de consumo preferente o caducidad.
  • Conservación. Cada producto debe indicar las condiciones propicias de temperatura y humedad para el correcto mantenimiento de sus propiedades.
  • Fabricante y origen. Indica la empresa que fabrica y/o envasa el producto, así como su lugar de procedencia.
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¿Qué datos pueden llevar a confusión?

En el listado de ingredientes a menudo encontraremos la letra E seguida de números. Esta es la manera de nombrar los aditivos autorizados por la Unión Europea, que incluyen colorantes, conservantes, antioxidantes, espesantes o potenciadores de sabor. Algunos son totalmente naturales e inofensivos, como el ácido ascórbico (E-300) o la lecitina (E-322), sin embargo, otros como el glutamato monosódico (E-621) deben evitarse lo máximo posible.

Lo siguiente a lo que debemos prestar atención es a la parte de la información nutricional. Es importante tener en cuenta que todos los valores vienen dados por el tamaño o porción que se especifique en la primera línea (valores medios por 50 g, 100 g…). El valor energético expresado en kilocalorías (kcal) es la suma de la energía que aportan las grasas, las proteínas y los hidratos que contenga dicho producto; por tanto, es un error fijarnos solo en esto para saber si un alimento es sano o no.

Lo más importante a tener en cuenta es la presencia de grasas saturadas y azúcares artificiales. Estos elementos normalmente abundan en los productos procesados (junto a los aditivos). Las grasas saturadas, junto a las grasas “trans”, son aquellas grasas no saludables que debemos evitar ingerir en grandes cantidades. Con el azúcar puede haber confusión, ya que viene indicado dentro del apartado de hidratos de carbono, pero muchas veces no se especifica si es natural o artificial.

La importancia de comparar etiquetas

Fijarnos en las etiquetas es fundamental para saber si un alimento se adapta a las necesidades individuales de cada uno. Así, esto nos permite realizar compras seguras y considerar ciertos factores éticos y medioambientales.

A menos componentes, menos procesado está un producto. Evitar largas listas de saborizantes, colorantes y conservantes es lo más recomendable. Aparte, por supuesto, de rehuir las proporciones excesivas de grasas saturadas y “trans”, además de azúcares no presentes en el alimento de manera natural. Por ello, comparar un mismo producto fabricado por distintas marcas es siempre un acierto para elegir la mejor alternativa.

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