Principales diferencias entre el kéfir y el yogur, ¿cuáles son?

Seguramente habrás oído hablar de los beneficios del kéfir para la salud y el correcto funcionamiento del sistema digestivo, pero igual no tienes claro qué es exactamente ni cuáles son todos esos beneficios de los que hablamos.

Este producto, que tan de moda se ha puesto en los últimos años, suele causar confusión a la hora de diferenciarlo del yogur. Ambos son alimentos que provienen de la fermentación de la leche y se denominan probióticos. Esto significa que contienen bacterias benignas vivas, que ayudan a mantener en correcto estado a las bacterias «buenas» de nuestro organismo.

A continuación, vamos a hablar de cuáles son las principales diferencias entre uno y otro. Familiarizarte con ellos hará que puedas incluirlos en tu día a día de una manera correcta.

Diferencias entre yogur y kéfir: la fermentación

A primera vista, el yogur presenta una textura densa y cremosa, mientras que el kéfir es más líquido. Pero la diferencia más notable entre ambos productos está marcada por el proceso de fermentación y los microorganismos que en él intervienen.

El yogur se elabora a partir de la fermentación láctica de la leche con dos bacterias principales llamadas Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus termophilus. Sin embargo,la fermentación del kéfir es lactoalcohólica y se obtiene a partir de la simbiosis de una gran cantidad de bacterias y levaduras que conviven como un único organismo, lo que se conoce como SCOBY.

Debido a esto, el kéfir tiene un contenido muy superior de bacterias vivas respecto al yogur… ¡pudiendo llegar hasta los 40 billones por litro!

¿Y qué pasa con la lactosa?

Por lo general, tanto el yogur como el kéfir provienen de la leche, por lo que contienen lactosa. Pero siguiendo el hilo de la fermentación, es importante saber que el yogur fermenta durante 3-4 horas, en cambio, la fermentación del kéfir es más larga, unas 24 horas.

Este largo proceso del kéfir hace que las bacterias consuman más cantidad de los azúcares presentes en la leche (la lactosa) y se pueda llegar a obtener un producto con muy muy bajo contenido en lactosa.

No obstante, hay otra opción menos conocida: el kéfir de agua. Como ya estarás pensando, la diferencia es que se sustituye la leche y la fermentación se hace a partir de agua con azúcar añadida. Así que si eres intolerante a la lactosa, a la proteína de la leche, vegetariano o vegano, esta es, sin duda, la mejor manera de seguir aprovechándote de los amplios beneficios del kéfir.

Los beneficios del kéfir y del yogur

Tanto el yogur como el kéfir son alimentos beneficiosos para el organismo. Pero, como ya decíamos, el contenido de bacterias beneficiosas presentes es mayor en el kéfir, haciendo que sea un must have en nuestra dieta.

El yogur suele actuar como protector de nuestro estómago, pero el kéfir, además de esto, ayuda activamente a equilibrar y regenerar las bacterias ya presentes en nuestro intestino. Gracias a esto es gran aliado para combatir la inflamación intestinal, facilitar la digestión, evitar el estreñimiento y, en general, mantener en su sitio a nuestra flora intestinal.

Si te preguntas cómo incluirlo correctamente en tu dieta, el kéfir es muy versátil. Lo ideal es tomarlo en el desayuno o a media mañana. En el caso de que su sabor ácido te resulte demasiado fuerte puedes probar a acompañarlo con frutos secos o fruta natural, si no, su textura líquida lo hace perfecto para beberlo directamente.

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